Header Ads

Mitología | El héroe Perseo

Nora Palao Vidal | Yecla, Región de Murcia


Como la gran mayoría de los héroes mitológicos, la concepción y el nacimiento de Perseo no fueron hechos normales. Su madre Danae era una mujer muy bella con muchos pretendientes, pero el padre de ésta, Acrisio, rey de Argos, esperaba ansioso la llegada de un hijo varón, por lo que consultó al oráculo. Así supo que no sólo jamas tendrás un descendiente varón, sino que además iba a ser asesinado por su nieto aún no nacido. Aterrado, Acrisio encerró a su hija Danae en una torre y se deshizo de todos sus pretendientes.

El dios Zeus vio a Danae y ni siquiera luchó contra la tentación. Se convirtió en lluvia y se unió a Danae, que luego dio a luz a Perseo. Cuando Acrisio lo supo, encerró a su hija y a su nieto en un arcón y los arrojó al mar. Luego de unos días a la deriva, arribaron a la isla Serifos, donde fueron rescatados por Dictis, el hermano de Polidectes, el gobernante. Dictis fue como un padre para Perseo y éste creció hasta convertirse en un joven fuerte y valiente.

Cuando cumplió quince años, el tirano Polidectes se encaprichó de su madre Dánae y Perseo se interpuso. El tirano echó de su isla a Perseo no sin antes darle una premisa: si volvía en el plazo de una semana con la cabeza de Medusa, su madre sería libre.

Perseo se quedó desolado pues era una aventura peligrosa hasta para un semidios. La mirada de Medusa convertía en piedra a cualquiera que osase posar sus mirarla, y para matarla. Por eso, Zeus mandó a Atenea que le regaló una espada capaz de cortar hasta el mármol y un escudo reluciente; y también a Hermes, quien le prestó sus sandalias aladas (las llamadas pédila) y el casco de la invisibilidad de Hades (que en griego se llama kyné).

Medusa era la única mortal de las tres horripilantes Gorgonas quienes vivían en una isla en medio de Océano la cual nadie conocía a excepción de las Greas, hermanas de las Gorgonas. Estas tres viejas habían nacido con un solo ojo y un solo diente para compartir entre ellas. Perseo les robó el ojo y les dijo que únicamente se lo devolvería si le decían cómo llegar a la isla de las Gorgonas. Estas aceptaron y además le entregaron la kíbisis, una especie de bolsa fabricado con el único material inmune a la mirada pétrea de Medusa.

Medusa Story: Perseus and the Gorgon’s Head from Greek ...
                 Perseo y la cabeza de Medusa, escultura por Benvenuto Cellini (Florencia, Italia) 

Fue así como el héroe llegó allí sin ser visto utilizando la kyné. Pero, ¿cómo matarla evitando mirarla? Al final se le ocurrió utilizar el brillante escudo que Atenea le había proporcionado como si fuera un espejo: así consiguió acercase lo suficiente a la Medusa y decapitarla usando solo el reflejo.

En su viaje de vuelta, Perseo cruzó el Océano y se encontró con el gigante Atlas, quien tenía la obligación de sostener sobre sus hombros la bóveda celeste como castigo por haber participado en la guerra contra los dioses Olímpicos en favor de Cronos. Apiadado de su sufrimiento, Perseo le mostró la cabeza cortada de Medusa, que incluso separada de su cuerpo mantenía su poder petrificador, y lo convirtió en la cordillera que lleva su nombre: el Atlas, en el actual Marruecos.

Siguió bordeando el Océano por su extremo sur y llegó volando asta Etiopía. Allí se encontró con que los habitantes de aquel reino vivían una situación desesperada pues su reina Casiopea había presumido de ser más hermosa que las Nereidas, hijas de Poseidón, el dios del mar. Este, en venganza, envió contra las costas del país a un enorme monstruo cetáceo que asolaba la región y devoraba a sus habitantes. Solamente se aplacaría su verocidad si se le entregaba a la hermosa hija de Casiopea, Andrómeda, como castigo por su osadez.

Perseo llegó a Etiopía justo el día en que Andrómeda, desnuda y encadenada a un acantilado, esperaba la llegada del cetáceo. El héroe se enamoró perdidamente de ella y se ofreció a librarla del monstruo a cambio de que le concedieran su mano y los reyes accedieron sin dudarlo. Cuando el terrible monstruo salió de las aguas, Perseo le mostró la cabeza de Medusa y aquél de inmediato se convirtió en piedra.

Cuando Perseo llegó a su isla con su esposa Andrómeda, el tirano se disponía ya a abusar de Dánae. Polidectes no se creyó que dentro de aquella extraña bolsa y miró en su interior, por lo que también se convirtió en una estatua de piedra.

Perseo no quiso poseer por más tiempo aquel peligroso objeto y se lo regaló a la diosa Atenea, la enemiga de Medusa, como un acto de agradecimiento. Así, la diosa Atenea guarda esa cabeza en su escudo: la égida.


©