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Mitología | Hades y el mito de Perséfone

Nora Palao Vidal | Yecla, Región de Murcia

Hades (Plutón en latín) es el nombre que designa en la mitología clásica tanto al dios que reina entre los muertos como al propio reino infernal. El dios Hades es el tercer hijo varón de Crono y Rea, hermano, por tanto, de Zeus y Poseidón. Hades ayudó a Zeus en la lucha contra los Titanes gracias a su casco de la invisibilidad (pulsa  aquí para leer esa entrada).

Tras la victoria en la guerra, se celebró el sorteo de los reinos que hizo Zeus con sus hermanos, y a Hades le correspondió la peor parte: el Inframundo, el espacio tenebroso a dónde van a parar las almas de los muertos. Así fue quedando Hades aislado, encerrado en su reino tenebroso, olvidado de todos. Incluso por no habitar en el Olimpo, llegó a perder el derecho a formar parte de los doce dioses más importantes, y su puesto aparece ocupado en algunas listas de dioses olímpicos por Hermes.

Este desprecio de los Olímpicos por Hades refleja en cierto modo la actitud de la tradición griega, ajena en lo fundamental al concepto de la muerte: por la misma razón, al dios Hades no se le rendía culto en Grecia. No tenían templos dedicados a él, ni estatuas, ni siquiera se le mencionaba por su nombre pues se creía que daba mala suerte, pues el dios podía pensar que se le estaba llamando). Para referirse a él se utilizaban eufemismos o sobrenombres, como Plutón.

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El rapto de Properpina, de Gian Lorenzo Bernini (Galería Borghese, Roma)

En su divina soledad, Hades se fue volviendo cada vez más hosco, más amargado y más cruel. Se le consideraba un dios avaro, por eso lo del nombre de Plutón pues significa "el rico". La razón es porque el dios del Inframundo es rico en almas, pues siempre hay más muertos que vivos.

Cansado de su aislamiento, Hades decidió tomar esposa. Eligió a Perséfone, (Proserpina en latín), hija de la diosa Démeter. Cierto día la muchacha paseaba por una hermosa llanura llena de flores y se agachó para arrancar un narciso (que en Grecia era, junto a los asfódelos, la flore de los muertos, pues se solía plantar sobre las tumbas). Hades no dudó un instante: invisible bajo su casco, apareció en la superficie terrestre sobre un carro de oro tirado por cuatro corceles negros y se llevó a la joven a los Infiernos. 

El rapto de Proserpina, de Rubens (siglo VXII)

Es bien conocido el sufrimiento de la madre de Perséfone al enterarse de la desaparición. Esto dio lugar a una depresión de Démeter y una esterilidad de la Tierra, pues Démeter es la diosa de la agricultura.  Presionado por ello, Zeus pidió a su hermano que devolviese a su captiva pero Hades, que era muy astuto, durante el tiempo en que había mantenido encerrada en su reino a la joven, Perséfone comió un grano de granada sin acordarse de la ley divina: nadie que ingiera alimento alguno en el mundo de los muertos puede regresar al de los vivos. 

Al final, se llegó a un acuerdo en el que Perséfone pasase unos meses al año con su marido en los Infiernos y otros con su madre en la Tierra. De ahí nació el ciclo de las estaciones, pues cuando Démeter estaba con su hija la tierra era fértil y cultivable (los meses de primavera y verano), y no sería blanda la tierra cuando Démeter llorase la pérdida de su hija (los meses de otoño e invierno).



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