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SexReport | Copa menstrual

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Copa menstrual | © Pixabay 

Cada mes, cuando nos llega la menstruación, toca renovar nuestras existencias de compresas o tampones. Se repite desde nuestra primera regla hasta la menopausia (o el “descanso” del embarazo). Usar y tirar. No es ni cómodo, ni barato, ni respetuoso con el medio ambiente. La copa menstrual es una opción que cumple con esas tres características.

Como su nombre indica, tiene forma de copa. Hay una versión con forma de diafragma con la que se puede mantener relaciones sexuales. Su funcionamiento consiste en introducirla en la vagina, donde recoge la sangre. A diferencia de los tampones no absorbe. El fluido se va depositando en el fondo hasta que es vaciada. Se evitan los problemas de sequedad e irritaciones que pueden provocar el uso de los tampones. Su composición es de silicona médica con lo que es hipoalergénica. Del mismo modo, al no tener otro tipo de elementos es respetuosa con la flora vaginal.

La principal dificultad de usarla es acostumbrarnos a ella y elegir la adecuada. Cada vagina es diferente. En el mercado hay copas de varios tamaños.  Puede ser complicado encontrar la que mejor nos va. Supone un proceso de autoconocimiento. Según la marca son diferentes las tallas. Por ejemplo, unas solo tienen un modelo pequeño y otro grande, mientras que otras tienen hasta 5 posibilidades (test para ayudarnos a acertar). Las más grandes suelen estar indicadas para personas que hayan experimentado un parto vaginal. 

Tenemos que aprender a usarla. Las primeras ocasiones puede ser incómodo y podemos manchar por no haberla colocado bien. Para ponérnosla se realiza un pliegue en la parte superior para facilitar la inserción. A continuación, se introduce y nos aseguramos de que se haya abierto en el interior. Algunos modelos incluyen aplicador, aunque no es lo habitual. Para sacarla solo se tira de la parte inferior. Suele tener algún tipo de agarre para que sea más sencillo.

Cada vez que se retire hay que limpiarla antes de volverla a usar. Debe reperirse cada 12 horas como máximo. Lo mejor es lavarla con agua, pero también se puede con papel o toallitas. Antes y después de empezar cada periodo es necesario esterilizarla. Un baño en agua hirviendo de 5 a 10 minutos es suficiente. Otra opción es conseguir pastillas esterilizantes en farmacias.

La duración de la copa se estima entre los 10 y 15 años, según el fabricante y el uso que se le haya dado. Comprar una (o dos si prefieres ir alternando) cada 15 años supone un ahorro más que interesante de dinero. Su precio se encuentra desde los 10 a los 30 euros. Su uso se va extendiendo y es más fácil encontrarla: en farmacias, parafarmacias y en supermercados. Una conocida cadena de supermercados vende una opción por 9€ que puede servir para probarla por primera vez. De comprar una caja de tampones o compresas cada mes pasamos a realizar un solo gasto cada década. Los números están claros.

Otra gran ventaja de la copa es su beneficio para el medio ambiente. Como ya se mencionó, por lo general los tampones y las compresas son de un solo uso. Generando una cantidad enorme de residuos cada año. Más aún si incluimos los envases de plástico individuales en los que se dispensan. Existen otras gamas como las compresas de tela. El cambio climático es una realidad y el pequeño gesto de utilizarla será de ayuda.

Se suele considerar que usando este método no conlleva riesgo de sufrir el síndrome de shock tóxico (SST). Sin embargo, algunos estudios sí que establecen la posibilidad. Existen casos documentados de SST relacionados con su utilización. Otra investigación apunta a que con el lavado con agua no sería suficiente para evitarlo. Para ello, establecen que lo mejor es el uso de dos copas, que se puedan ir esterilizando alternativamente con todo vaciado

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