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Fibromialgia: punto de vista médico

Por Lidia Beatriz | Santa Cruz de Tenerife

La fibromialgia es una enfermedad que supone un gran reto sanitario. Su origen es, hasta el momento, desconocido y se caracteriza por un cuadro de dolor crónico de tipo muscoloesquelético, como su nombre indica: dolor (algia) de músculos (mio) y fibra (refiriéndose al tejido conjuntivo en el organismo). De acuerdo al American College of Reumatology, para diagnosticar esta enfermedad es necesario que el paciente presente dos características fundamentales:
1. dolor generalizado durante un periodo superior a tres meses,
2. sensibilidad alterada a la presión de los dedos en zonas miofasciales típicas.

Aunque en nuestros días es más común oír hablar de la fibromialgia, desde hace alrededor de ciento cincuenta años ya empezaron a describirse patologías con la misma sintomatología. A medida que transcurría el tiempo y debido a la ausencia de base histológica (visible en los tejidos), empezó a desarrollarse una teoría denominada «teoría del reumatismo psicógeno» en los estudios de Halliday (1937) y Ellmer (1950). Los autores destacaron los trastornos psicológicos en aquellos pacientes que sufrían estos dolores musculoesqueléticos (esto parece que se va descartando a medida que se realizan más trabajos).

Actualmente, los avances al respecto son insignificantes. Presenta una elevada prevalencia, un alto coste médico y muchos problemas de manejo clínico de los pacientes, por todo esto hay un gran interés y muchos trabajos, pero sin ningún progreso destacable en su origen y tratamiento. Incluso hay diferentes teorías.

Algunos autores afirman que la fibromialgia es una manifestación de trastornos afectivos, ansiedad y/o depresión, otros que dichos trastornos son consecuencia de la fibromialgia y otros que son totalmente contrarias (mientras que la fibromialgia parece ser una activación del sistema inmunitario, la depresión opera por supresión de este sistema).

Con este panorama de desconcierto e incluso contradicciones, los pacientes se encuentran con unas terapias insuficientes y una gran incomprensión. Hay que destacar que estas personas a menudo presentan también trastornos del sueño, un pilar importante y fundamental para el bienestar y el buen funcionamiento fisiológico. Es frustrante para ellos, pero también lo es para los sanitarios a los que acuden estas personas con gran esperanza y la única opción que podemos aportarles son analgésicos, relajantes, antidepresivos e hipnóticos (entre otros).

Desde aquí, tras esta pequeña exposición de la enfermedad, invito a investigar y buscar información. Se la relaciona con múltiples enfermedades, desde la intolerancia al gluten hasta el lupus eritematoso, se cree que hay una predisposición genética, y hay una amplia bibliografía al respecto. Espero que esto haya ayudado a entender un poco mejor en qué consiste y haya abierto una puerta hacia la realidad de muchas personas.
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