Header Ads

Mitología: La creación de la humanidad y la caja de Pandora

Por Nora Palao | Yecla, Región de Murcia
La historia de la humanidad no da comienzo hasta después de la decisión del rey de dioses, Zeus, de hacer de la Tierra un lugar digno. Concedió a los hermanos titanes, Epimeteo ("el que reflexiona tarde") y Prometeo ("el que reflexiona antes") la tarea: ambos crearon los animales, vegetación y, juntando barro y agua, al primer hombre a imagen y semejanza de los dioses. Entonces Atenea, la diosa de la sabiduría, les proporcionó la inteligencia.

Dioses y hombres compartían la vida en armonía, solo les pedían que se les rindiera pleitesía a cambio de la protección que pensaban darle. Para conmemorar esto, se celebró en la ciudad de Mekone, en Grecia, un festín en el cual se cazó un toro para compartirlo. Prometeo se había encariñado de sus criaturas y, como tuvo él la decisión de separarlo en dos mitades, engañó a los dioses: la carne y las partes sabrosas las envolvió con una desagradable piel, y los huesos y las vísceras las cubrió con una grasa apetitosa. Al descubrir el engaño, Zeus se marchó airado del lugar y para vengarse negó el último don que necesitaban para la civilización: el fuego.

Sintió pena entonces Prometeo por su creación y se encaminó al Olimpo donde robó el fuego del carro del dios Sol, Apolo. Zeus se sintió traicionado e ideó una venganza por lo que le pidió a Hefesto, el dios herrero, crear un ser a imagen y semejanza de las diosas. La llamaron Pandora, es decir, la omnidotada, y fue enviada a la Tierra donde se encontró con Epimeteo quien, olvidando las advertencias de su hermano de no aceptar obsequios de los dioses, se enamoró y se casó con Pandora.


Llevaba Pandora en sus manos una tinaja de barro con la promesa divina de no abrirla, pero la tentación era demasiado grande: al destaparse, quedaron libres todos los males del mundo, como la vejez o las enfermedades. Asustada por lo que había ocurrido, Pandora cerró la tinaja dejando dentro de ella para siempre aquello a lo que la humanidad termina por aferrarse: la esperanza.

El castigo que Zeus tenía preparado para Prometeo es una penitencia eterna, reservada a aquellos que hacen grandes injurias a los dioses. Prometeo pasaría entonces la eternidad atado a una roca, y cada noche aparecería un águila que comería sus órganos, los cuales siempre se regeneraban, creando así un doloroso e inmortal castigo.
©