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Mejora de la composición de los alimentos

Diana Dolea | Valencia


La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) elaboró un plan de carácter voluntario para mejorar la composición de algunos alimentos que implica la reducción de azúcares añadidos, sal y grasas saturadas.

Comentando, en pocas palabras, el desarrollo del proyecto, en 2016, gracias a los datos existentes, fueron realizados estudios específicos a partir de los cuales se pudo establecer la posición de partida. Desde finales de 2016 y durante 2017, se propusieron los objetivos de reformulación con los sectores de la fabricación y distribución y se expusieron medidas con restauración social, restauración moderna y distribución automática o vending. Lograron acordar porcentajes de reducción de los nutrientes para todos los productos de cada subcategoría que llegaron a ser más de 3.500. Fue en 2018 cuando se presentó el proyecto. A lo largo del año se pretenden firmar los convenios correspondientes, y, desde entonces hasta 2020, se aplicaría el plan. A partir de 2020, se realizaría un seguimiento junto con una evaluación posterior. Pueden leer el informe completo en el siguiente enlace: aquí

Los porcentajes de reducción mencionados son los siguientes:

1) Azúcares añadidos
  • 18%: Salsas (mayonesa). 
  • 10%: Productos lácteos (yogur natural azucarado, yogur de sabores, yogur con frutas, yogur líquido, queso fresco semidesnatado con fruta tipo petit, leche fermentada líquida semidesnatada individual y batidos); derivados cárnicos (jamón cocido extra, pechuga de pavo, salchicha/mortadela, chorizo vela extra, salchichón extra y longaniza fresca); néctares de frutas sin edulcorantes (melocotón, naranja y piña); salsas (tomate frito); bebidas refrescantes lima-limón sin edulcorantes; cereales de desayuno infantil; chocolateados. 
  • 3,5% a 7,4%: Productos lácteos (flan de huevo, natillas de vainilla, yogur griego azucarado, yogur griego con frutas y arroz con leche). 
  • 5%: Bollería y pastelería (pastelito relleno con cobertura y sin cobertura, bollo relleno sin cobertura, bollo sin relleno, rosquillas sin y con cobertura, croissant y magdalenas); galletas (de desayuno familiar e infantil y rellenas); helados infantiles a base de agua; pan especial envasado (de molde blanco e integral y pan tostado y tostado integral); salsas (kétchup y salsa fina). 
2) Sal
  • 16%: Derivados cárnicos (jamón cocido extra, pechuga de pavo, salchicha/mortadela, chorizo/salchichón vela extra y longaniza fresca).
  • 13,8%: Patatas fritas.
  • 10%: Salsas (tomate frito); aperitivos salados; platos preparados (croquetas, empanadillas, nuggets, canelones/lasañas, productos de surimi (sucedáneo de cangrejo y sucedáneo de angula), anillas y anillas restructuradas. 
  • 6,7%: Cremas de verduras.
  • 5%: Salsas (kétchup y salsa fina).
3) Grasas saturadas
  • 10%: Aperitivos salados (patatas fritas, productos de aperitivo fritos y palomitas de microondas); platos preparados (nuggets). 
  • 5%: Galletas de desayuno familiar e infantil y rellenas; bollería y pastelería (rosquillas con y sin cobertura y bollo con pepitas de chocolate); derivados cárnicos (salchicha/mortadela, chorizo/salchichón vela extra y longaniza fresca).

Este plan fue promovido por muchas iniciativas que comparten el mismo fin, mejorar la salud de los consumidores. Por ejemplo, sinAzucar.org es un proyecto que fue creado con la intención de mostrar la cantidad de azúcar libre presente en algunos alimentos. Pueden consultar la entrevista que nuestro compañero realizó al creador del programa en el siguiente enlace: aquí.

Volviendo a AECOSAN, en la memoria que compartieron, se comenta que la reformulación debe realizarse sin que se produzca el aumento del contenido energético y, manteniéndose, en todo momento, la seguridad alimentaria. Asimismo, las características organolépticas no deben ser afectadas. Pero ¿cómo podrían reformularse sin que cambie el sabor o la textura? Esto explicaría, por una parte, la importancia del tiempo, pues serían necesarios varios años para poder reducir los nutrientes de forma progresiva hasta alcanzar los objetivos fijados, sin que el consumidor perciba las diferencias. Por otro lado, implicaría mucho tiempo porque se verían afectados aspectos como son la selección de proveedores y materias primas, las especificaciones del producto, el etiquetado, el control de calidad, los estudios de mercado, entre otros.

No obstante, algunos consideran que este plan no es el más adecuado ya que el consumidor, sabiendo que los alimentos en cuestión podrían ser más "sanos", los compraría todavía más y, en consecuencia, no se favorecería una dieta saludable. Entonces, ¿qué es lo que debería hacerse? ¿Dónde estaría la solución? ¿Confiarían en los resultados de este programa?

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