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SexReport: Vergüenza corporal


La dismorfofobia, o vergüenza de cuerpo, es algo que muchas personas de la sociedad sienten y que nunca, o casi, somos capaces de ver. Sentir vergüenza de nuestro cuerpo y dejar de hacer cosas tan básicas como salir vestido de cierta forma o incluso evitar la playa por tal de no quitarse la camiseta o los pantalones hasta dejar de bailar por miedo a que se rían de ti o se queden mirándote. 

El problema radica principalmente en un problema de confianza que cohíbe las formas de actuar según en qué tipos de escenarios, es decir, hacer alguna de las actividades anteriormente mencionadas. También entran en este campo los problemas de dicción o de la cultura que podemos tener frente a otras personas más cultas o con más conocimientos. No entraré a valorar los síntomas que preceden a este problema psicológico, sino que intentaré daros algunos consejos sobre como mejorar nuestra experiencia con nosotros mismos e intentar vernos mejor de lo que ya lo hacemos. Cohibirnos y escondernos no es el camino, debemos salir y empezar a arreglar el problema desde dentro. Tenemos que gustarnos primero a nosotros mismos que es, al final, lo que realmente importa. 

Nuestra personalidad tiene que salir a flote y ello es parte crucial de mejorar nuestra imagen, tanto de forma interior como de cara al mundo. Si no nos vemos bien con el tipo de ropa que solemos llevar porque no nos favorece siempre es interesante realizar cambios e intentar buscar nuestro estilo, el que más nos guste y con el que nos sentiremos más cómodos. En la época de los smartphones siempre viene bien hacernos fotos e intentar buscar motivos para vernos como realmente somos. También debemos salir e intentar evadirnos de problemas y hacer lo que nos gusta. No debes dejar de bailar o salir o disfrutar de un concierto saltando o cantando a coro con nuestro grupo favorito por miedo a que nos miren o nos prejuzguen.

Os contaré que yo tenía este problema hace unos cuantos años. De hecho, no lo he superado hasta que me di cuenta que yo mismo era mi peor motivo para intentar verme bien. Tuve que salir de mi zona de confort para empezar a probar cosas diferentes que en mi casa no me sentía a gusto y menos feliz. Me vino bien salir y que nadie me conociera, di un cambio brusco a mi forma de ver la vida. He cambiado radicalmente mi forma de vestir a una que me gusta y, aunque aún me queda un poco de peso sobrante, no tengo prisa por perderlo ya que no tengo por qué encajar en el canon de la sociedad, sino en mi propia forma de ver el mundo. Otro problema que yo tenía es que estaba comenzando a tener algunas entradas, algo que todos vamos teniendo si trabajas en hostelería con un gorro doce horas que hace que nuestro pelo se caiga. 

Siempre tuve ese miedo a raparme por verme mal, por ver que la gente pensara algo raro o simplemente se rieran de mi nuevo aspecto. Una vez lo hice, más bien por error que por arrojo, la cuestión es que me encantó verme así y desde entonces voy así. No me importa que me miren o que me juzguen. Hace muchos años podría haber agachado la cabeza y andar más deprisa, hoy día levanto la cabeza, les miro y les devuelvo la sonrisa. Una sonrisa que no esperan y entonces no soy yo el que echa a andar más rápido agachando la cabeza. No dejemos que nadie nos valore ni nos clasifique por nuestra forma de vestir, y menos que nos cohíba. Valórate tal como eres, disfruta tal y como eres de tu cuerpo y de tu forma de ser. 

La vida es demasiado corta para acabar preocupándonos por el qué dirán o por cómo nos quieren hacer sentir, o simplemente por cómo te ves tú con respecto a los demás. 
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