Header Ads

Hombres que no aman a sus mujeres

Por Lidia Beatriz | Santa Cruz de Tenerife

A diario, atiendo a mujeres que cargan con los planes de tratamientos de sus esposos y los suyos propios. Todas ellas conocen a la perfección las necesidades de sus parejas, sus enfermedades, su medicación, de cuáles les quedan dosis y de cuáles no. Son, como la gran mayoría de mujeres de nuestro país, todoterrenos. Se ocupan de las tareas del hogar, de la compra, del cuidado de hijos y nietos y de sus maridos también.

Al empezar el día, los señores del pueblo ya están sentados en las plazas y bares. ¿Señoras? Las señoras se están ocupando de todas esas labores que la sociedad ha cargado sobre ellas. Y, como nos puede pasar a cualquiera, llega el día que, por el motivo que sea, no pueden seguir haciendo estas cotidianas tareas, como es el caso de acudir a la oficina de farmacia para abastecerse de las medicinas que necesitan ambos en el matrimonio. Les toca a ellos encargarse de ello.

Cuando un señor viene a por la medicación de su esposa, rara vez conoce el nombre, la marca o el color de la caja de la medicación. Por no saber no saben ni siquiera la suya (hay excepciones). En algunas ocasiones, la paciente ha llamado por teléfono diciendo lo que necesitaba y la labor del marido es de mero intermediario. Después de tanto tiempo viviendo con una persona, tomando tratamientos diariamente, por repetición de información algo deberían retener, aunque para retener es necesario tener interés. Ni saben ni les interesa aprender; transmiten que esas cosas no van con ellos. 

Esto me hace plantearme muchas cosas y he llegado a la conclusión de que son hombres que no aman a sus mujeres realmente. Hombres que han sido educados para ser atendidos toda su vida y, cuando les toca atender, no están a la altura de sus compañeras. Si amas a alguien, lo cuidas. Te interesas por los pequeños detalles, como que se está agotando el medicamento contra el colesterol (tampoco es necesario que sepan el nombre exacto, sé que son impronuciables). A las mujeres se les ha enseñado a amar, a ser abnegadas, entregadas, a ocuparse de la familia en todos los sentidos. A los hombres, no.
©