viernes, 12 de enero de 2018

Relaciones Tóxicas I

Por Lidia Beatriz | Santa Cruz de Tenerife

Cuando hablamos de relaciones tóxicas siempre pensamos en noviazgos. Pero, si una persona es tóxica en sí misma, no importa qué tipo de relación tengamos con ella, nos va a afectar. Y tanto... En mi caso, nunca he estado dentro de un noviazgo tóxico, pero sí que he estado ligada a personas poco saludables.

La primera persona que intoxicó mi vida fue mi padre. Es cierto que nunca ha tenido pereza para llevarnos a ningún lugar, en pagar todas las aficiones, estudios y en que nos nos faltara de nada-de nada material, claro-. Su educación le ha hecho creer que ser un buen padre consiste en comprar lo mejor, en «darte» una carrera, etc. ¿Pero qué hace que mi relación con mi padre sea tóxica? Cuando yo era pequeña, era un borracho de fin de semana y un perfecto machista-con todas sus connotaciones negativas-. Este último detalle no ha hecho más que empeorar mi relación con él. Para mi padre, como su única hija y la más pequeña de los dos, es su deber «cuidarme» y «protegerme» hasta que me case. Precioso todo... Como comprenderán, a mí su actitud machista poca gracia me hace, al igual que otras actitudes suyas, como es el caso de su necesidad de ser el único que habla, el que siempre tiene la razón, el que mejor lo hace todo y el que está por encima de Dios. Su forma de pensar y de actuar son puro veneno para mí.

La segunda persona que vino a envenenarme fue una compañera del colegio. Se trataba de una chica de un ambiente que se suele denominar de exclusión y era una chica bastante conflictiva. Yo, que no sé por qué siempre he tenido la gracia o la desgracia de sentir apego por aquellas personas que el resto rechaza, le tendí mi mano y mi amistad. ¡Grave error por mi parte! Esta niña de primaria tuvo la habilidad de crear un guión de telenovela que por primera vez-y última-me llevó a dirección. No recuerdo exactamente de qué se trató, pero a base de mentiras me enfrentó con otra compañera conflictiva. Todo quedó aclarado y creo que esta peligrosa chiquilla no llegó a terminar el curso en el mismo colegio que el mío, debido a su situación familiar iba de centro en centro. Bastantes años más tarde, me crucé con ella en una calle de otro pueblo de la isla. Físicamente, había cambiado mucho y me costó reconocerla, pero ella enseguida se acercó a mí y a mi madre a saludar. En aquel momento me dio las gracias porque me recordaba como alguien bondadoso que la ayudó mucho... Bueno, al menos una guarda un buen recuerdo de aquel curso.

Por último quiero hablar de otra amistad tóxica. Hay personas que debido a su inseguridad y su sentimiento de inferioridad no pueden soportar que hagas nuevas amistades. Respetan tus grupos anteriores, pero pensar que vas a aumentar el número de personas con las que te relaciones les genera sensación de abandono y, lo peor, se creen con derecho de exigirte, gobernarte y llegar incluso a alterar la situación para quedar como víctimas de tu cruel e insensible actitud. También, se sienten mal si rechazas o anulas algún plan que te propongan, pero estos amigos pueden hacer y deshacer cuanto les plazca y «ojito» con hacerles alguna observación... Estas personas son incapaces de darse cuenta del doble rasero que tienen para medir, lo mejor siempre es alejarse desde que algo te incómode y no permitir desde el principio ninguna de estas actitudes. Parece algo sencillo, pero cuando estás dentro de estas amistades tóxicas es difícil decidir cómo salir. Lo que hay que tener claro es que, por mucho que les expliques y les argumentes, no escuchan. Así que lo mejor es portazo y hasta nunca más.

Esta entrada está basada en mi experiencia personal. Si tienes alguna experiencia de relación tóxica y  te gustaría compartirla con todos nosotros, estaremos encantados de leerte. Hasta la próxima.

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