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Game Boy Color, una consola inesperada y un éxito mundial

Jesús V. | Isla Cristina (Huelva)

La Game Boy color fue la siguiente generación a la clásica Game Boy. Hablamos de consola inesperada ya que no era prevista para su salida ni mucho menos ya que Nintendo trabajaba en Game Boy Advance, la cual salió años después y decidieron apostar por esta y seguir mejorando la GBA para el futuro de las portátiles. Hablamos también de éxito rotundo ya que desde que se pusiera a la venta ha llegado a casi 120 millones de consolas, según los últimos datos conocidos en 2005, a ello no sumamos las que han cambiado de manos algo que, según la nostalgia de los últimos años, debe ser un dato no menos que interesante.

Desglosando estas ventas podemos ver que es América con 44 millones de consolas la que más apostó por la misma mientras que Japón cuenta con 32,47 y el resto del mundo se queda con cifras similares a las de América, con 42,16 millones.  La consola no era la mejor ni la más potente, pero la relación calidad precio hizo que despuntara y se convirtiera en un clásico para los amantes de los videojuegos que empezábamos. De hecho, a un servidor se la regalaron allá por navidades del 95 y aún la tengo guardada entre mis cajones. Podéis verla en la imagen de arriba ya que esa es la mía. Aún juego cuando el tiempo me lo permite y disfruto del brutal catálogo de cartuchos que salieron a la venta desde 1998 hasta 2002 que cortaron la producción en detrimento de la anteriormente mencionada GBA. 

Las horas de juego que le he podido dedicar son incontables ya que era a la que más jugaba en tiempos muertos y en excursiones escolares y con la familia. ¿Quién se podía resistir a jugar mientras tardábamos dos horas en llegar a la sierra a ver a los abuelos? Nadie. La batería no ha perdido uso ya que con dos pilas AA la diversión, y la nostalgia, está asegurada. Hoy día únicamente podemos encontrar cartuchos de segunda mano o en tiendas puntuales dedicadas al gaming experto o en tiendas virtuales pero por precios algo desorbitados aunque ya sabemos que la nostalgia es uno de los recuerdos más caros en lo que a tecnología se refiere. 

Si te emociona jugar a las grandes consolas de hoy día con brutales gráficos e historias que enganchan recuerda que, en tu infancia, seguramente fuiste de aquellos que se emocionaba cuando podía jugar entre exámenes o le compraban pilas nuevas para seguir jugando. Pocos olvidaremos esos infartos cuando la lucetita entraba en roja y nos anunciaba batería baja. 

Si recuerdas tener una, quítale el polvo y disfruta de los cartuchos y olvídate de los DLC, de la conexión obligatoria a Internet y de los requisitos mínimos. Volverás a la infancia cómo lo hago yo cada vez que le hecho mano y acabo con las 10 horas de batería que tienen las dos pilas. Pura magia. 
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