domingo, 29 de octubre de 2017

Lecciones de Periodismo en "Número Cero" de Umberto Eco

Alejandra Glez. Noda | S/C de Tenerife 


La novela de Umberto Eco ha sido definida por Roberto Saviano como “el manual de comunicación de nuestro tiempo”. Por ello, tras su lectura hemos decidido reflexionar sobre el libro y sobre aquellas cuestiones periodísticas que son criticadas.

En “Número Cero” tratan de crear un periódico, pero no uno cualquiera, sino uno en el que lo importante no es la información sino el rédito personal que le podamos sacar a esta. Así, en la redacción que Umberto Eco construye se debate sobre diferentes temas claves del Periodismo. Hagamos un repaso por ellos:

Los periódicos ya no dan las noticias. El libro está ambientado en 1992 y ya se menciona que estas las dan los telediarios. Hoy con las redes sociales y las ediciones digitales ni siquiera hay que esperar a que se haga un especial en televisión o radio para conocerlas. En cualquier momento, se puede difundir una noticia (o un bulo). Umberto Eco recuerda que, por eso, ahora la misión de los periódicos es la de interpretar: buscar las causas y entender las consecuencias.

“Ahora nos enteramos de las noticias del día con el telediario de la cena, lo que significa que los periódicos nos cuentan lo que ya sabemos, y por eso venden cada vez menos.” (p.34)

- Separación entre información y opinión. En una de las reuniones de planificación del diario se plantean cómo pasar una opinión por un hecho. Muy sencillo, resuelven, colando las opiniones como algo que dicen los testigos o cualquier otro implicado. Es decir, se incluyen en una noticia declaraciones, pero se destaca aquella que se parece más a la nuestra o a la de nuestro medio.

“Fíjese en los grandes periódicos anglosajones. Si hablan, qué se yo, de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir, evidentemente, qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión.” (p.56)

- La fijación de la agenda o la selección de noticias. Un periódico (o cualquier otro medio de comunicación) entre todas las comunicaciones que recibe debe decidir cuáles de ellas son merecedoras de ser publicadas ya sea por la fiabilidad de la fuente o por la proximidad con la información. Las causas por las que se escogen o no son muy variadas y también están relacionadas con la línea editorial del medio. Escogiendo dar o no una noticia se puede entender qué es lo que interesa a los dueños del medio.

“No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia. […] Piensen en el lector; tomadas una por una, esas noticias lo dejarían indiferente, todas ellas juntas lo obligan a quedarse en la página.” (p.59)

- Dirigir la atención a lo que nos interese. Con algunos detalles se pueden crear alarmas. Basta con que se repita que un lugar hay mucha violencia para que optemos por evitarlo. Lo mismo puede pasar si se achaca continuamente que cierto colectivo es un riesgo. Si nos quedamos con los titulares acabaremos teniendo miedo de cualquier persona con una nacionalidad mencionada. La repetición puede llevarnos a creer que una generalización es cierta.

“¿Qué puede al lector importarle dónde ha nacido toda esa gente? Mientras que, si estamos hablando de un obrero calabrés, de un jubilado de Matera, de un jubilado de Foggia y de un albañil palermitano, entonces se crea la preocupación en torno a la criminalidad del sur y eso hace noticia…” (p.60)

- Llamar a las cosas por su nombre. El abuso de los eufemismos puede llevar a que no sepamos de lo que realmente estamos hablando. En algunos casos están justificados, sobre todo, cuando se ha dado un significado despectivo a la palabra. Mas, por regla general, debemos recordar que la claridad y la economía lingüística son dos de las características que debe tener el lenguaje periodístico.

“Ya lo sé que ya no se dice negro sino persona de color, que ya no se dice ciego sino discapacitado sensorial. Pero un negro sigue siendo negro y un discapacitado sensorial no ve un pijo, el pobre. (p.151)

- Mantener la precaución. Como ciudadanos con el derecho a la información en nuestra constitución debemos conocer cómo funcionan los medios. No se trata de desconfiar y creer que todo lo que nos cuentan es mentira. Es encontrar el equilibrio y mantener la justa desconfianza para convertirnos en unos lectores críticos capaces de formar nuestras propias ideas.

“Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad. ¿No es esto lo que dice la ciencia que hay que hacer?” (p.49)

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