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Historia del arte - La escultura y la pintura romana

Andrea Dehm | Valencia
Empezamos por el retrato

Aunque se piensa lo contrario, el retrato no nació con los romanos. Sin embargo, sí fue una época en la que estuvo en auge gracias al cambio de mentalidad que hubo en los romanos. Lo utilizaban, principalmente, para representar a sus antepasados, aunque también podemos encontrar a dioses y emperadores. 

Con facciones realistas, se pensaba que el retrato debía guardar el máximo parecido con la persona retratada. A pesar de esto, los escultores no tardaron en interesarse por la idealización helenística y esto lo vemos reflejado en los retratos imperiales elaborados entre los silos I y II a través de tres versiones: la togata, la thoracata y la apoteósica (semidesnudo y más relacionado con la figura de dios). Con el paso del tiempo y gracias a la escultura del emperador Marco Aurelio (162-180), la imagen del césar a caballo se enriqueció.

No es hasta el siglo III cuando verdaderamente se empieza a buscar el realismo a través del trépano en los tratamientos del cabello para conseguir un efecto de sombra y luz (claroscuro). Debido a esto se generalizó la costumbre de grabar pupilas y, dado que le daban importancia al pensamiento, aumentaron el tamaño de las cabezas de las esculturas, como la cabeza de Constantino del siglo IV, conservada en el Palacio de los Conservadores de Roma.

Viendo el relieve histórico

El relieve histórico tuvo su origen en las culturas orientales antiguas. Su utilidad era la narración o la conmemoración de algún hecho histórico de especial relevancia. De la mano del retrato, ambos siguieron la misma evolución. 

Uno de los ejemplos más increíbles de relieve es La columna Trajana. En ella se relatan campañas victoriosas del emperador Trajano sobre los dacios (107-134). La primera mitad de la columna narra la Primera Guerra Dácica (101-102) tras la que se creó un Estado vasallo de Roma. La mitad superior narra la Segunda Guerra en la que el emperador convirtió la Dacia en provincia romana. 

Con más de 200 figuras, se representa la guerra y la preparación de los combates. Este relieve consigue dar sensación de profundidad y número. Gracias a esta obra de arte, los relieves se convirtieron en una propaganda útil ya que advierten un avance hacia la abstracción con varios planos de profundidad a través del estilo cristalino en el que las figuras se yuxtaponen en el espacio. 

Aunque los sarcófagos fueron al principio muy simples, podemos ver un claro cambio a partir de los relieves ya que se empezaron a realizar con escenas. Los temas que encontramos van desde la abstracción a escenas simbólicas.

Viendo la pintura mural

Conocida principalmente por las ruinas de Pompeya, se clasifica en cuatro estilos llamados pompeyanos. Los ciudadanos más ricos encargaban este tipo de decoraciones para las paredes de sus casas teniendo como base el rojo del ladrillo. Deseaban simular ricos elementos arquitectónicos y mármoles. 

El estilo pompeyano 1 simula mármoles y recurre a molduras para enmarcar. Esto le da más verosimilitud. El estilo 2 funcionaba como trampantojo y pretendía crear la ilusión de ampliación del espacio existente, lo que dio paso a las escenas alegóricas. El estilo 3 consistía en compartimentar las paredes a través de elementos arquitectónicos y orfebrería. Por último, el estilo 4 es el que tiene una composición más compleja ya que incluye perspectivas y efectos ilusionistas.

Con estos últimos elementos concluimos el sexto bloque de historia del arte, ¡nos leemos!


#Bloque6ElArteRomano

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