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Placebo y Nocebo: las dos caras de la moneda

Por Lidia Beatriz | Santa Cruz de Tenerife

La valoración de la eficacia de un medicamento, incluso la eficacia en sí misma, es un fenómeno subjetivo tanto para el paciente como para el médico. Esto significa que por los propios deseos de uno y otro puede parecerles que existen beneficios, que no ocurre nada o, por el contrario, que todo son problemas. Por ello, se realizan ensayos de doble ciego.

Un ensayo doble ciego es aquél en el cual ni doctores ni enfermos conocen la composición de lo suministrado. Esto es, el médico da un producto y no sabe qué es al paciente y éste también lo desconoce. Son los farmacéuticos hospitalarios los encargados de asignar el fármaco en estudio o  la sustancia inocua, según corresponda, y recogerán todos los datos aportados por los médicos y pacientes para conocer de forma objetiva la eficacia del fármaco. También sirve para establecer las dosis óptimas y el uso terapéutico. Estos estudios suelen durar entre uno y tres años.

Una sustancia inocua o inerte es aquella que no tiene ningún efecto. No causa ni beneficio ni perjuicio en el organismo por lo que cualquier síntoma descrito en relación a la misma será subjetivo, psicológico. A este producto se le suele llamar «placebo», pero podría ser también un «nocebo». ¿Qué diferencia un placebo de un nocebo? Se habla de placebo cuando el médico, el enfermo o ambos asignan a la sustancia inocua un poder curativo porque tienen expectativas optimistas y estamos ante un nocebo cuando los efectos descritos son nocivos debido a expectativas pesimistas.

De forma general, se suele decir «efecto placebo» cuando los pacientes creen curarse o se curan sólo debido a su creencia. Pero casi nunca se menciona el «efecto nocebo», el cual puede hacernos creer que una medicina nos sienta mal. Sin embargo, placebo y nocebo son la misma cosa, el efecto depende de nuestra percepción subjetiva, de nuestras expectativas al respecto.

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