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Los genéricos al descubierto

Por Lidia Beatriz | Santa Cruz de Tenerife

La marca blanca, los baratos, los falsos... Múltiples son las formas con las que la población se refiere a los medicamentos genéricos. Todas ellas, a parte de incorrectas, hacen creer que son menos efectivas. Los genéricos no son marca blanca (¿De qué hablamos? ¿De Mercadona?), tampoco más baratos (en la mayor parte de las ocasiones) y mucho menos son falsos (eso se deja para las estafas vía Internet o el top manta). Podría hacer una entrada muy larga hablando sobre las diferentes formas de bautizar a los medicamentos, sobre fases de investigación y ensayos de todo tipo, pero voy a ser muy clara y breve.

Los principios activos de los medicamentos son como llaves. Sí, como las que usas para abrir la puerta de tu casa. Debido a sus características morfológicas actúan en determinadas zonas del organismo para producir su efecto. Es decir, si fabricas una llave idéntica a la que ya tienes, obviamente, podrá accionar el mecanismo de la cerradura y abrirá también la misma puerta. Dos moléculas iguales, la misma sustancia, el mismo efecto.

La diferencia entre un medicamento llamado genérico y el medicamento innovador es una cuestión de dinero. Sí, de dinero. Un grupo de investigadores descubren una molécula con propiedades farmacológicas y, todavía sin probar su efecto real, pagan para proteger sus derechos sobre la investigación y que ningún otro les robe la idea. Esto es, hay una patente. Por delante les quedan muchos años de pruebas y estudios, fases y fases de investigación que la mayor parte de las veces fracasan. Si todo llega a buen puerto, surge así el medicamento innovador bajo un nombre que no es más que una marca, un distintivo. A esta marca muchos la conocen erróneamente como  el medicamento «verdadero».

Una vez se acaban los años patentados, como ocurre con cualquier otro producto, hay libre comercialización. No obstante, estamos hablando de medicamentos y todos deben cumplir con una serie de garantías por lo que son sometidos a ensayos denominados de bioequivalencia. Es decir, tienen que demostrar que su comportamiento en el organismo es el mismo que el del medicamento innovador.

En España, tenemos la seguridad social. Los precios de los medicamentos están fijados y todos aquellos con la misma molécula como principio activo, incluidos en el Sistema, cuestan igual ya sea la marca innovadora, de cinfa, de pensa, de mylan... Que un genérico sea más barato que una marca sólo se da en casos de moléculas y/o medicamentos no financiados, como puede ser el sildenafilo.

Muchos alegan que el genérico les sienta mal. ¿Has oído hablar del efecto nocebo? Seguro que sí sabes cosas sobre el efecto placebo. Del mismo modo que hay mejorías atribuidas al factor psicológico, hay empeoramientos por la misma razón. En todos los medicamentos, se realizan pruebas de efecto placebo y nocebo, aunque de este último no se oiga hablar.

¿Por qué algunos médicos hacen mala publicidad de los genéricos? Antiguamente, las empresas farmacéuticas ofrecían a los médicos incentivos por prescribir su marca. Esto ahora mismo es ilegal, pero muchos doctores se han acomodado en esta dinámica de sobrevalorar a las marcas. También se debe a que los médicos son los profesionales del diagnóstico, pero no estudian en profundidad al medicamento y todo su proceso de desarrollo e interacción con el organismo. Los profesionales de los medicamentos son los farmacéuticos, expertos en ensayos de bioequivalencia entre otras muchas cosas.

Como ejemplo de que todo lo negativo entorno a los genéricos es una cuestión psicológica y social, voy a hablar del extraordinario caso del omeprazol cinfa, el genérico más popular entre la población y que todo el mundo cree que es el innovador. A menudo, los pacientes acuden a la farmacia y muy serios te dicen «dame el protector de estómago, pero el verdadero, el azulito». Y, por si fuera poco, añaden «es que los genéricos esos no sirven». Dicen que la ignorancia es felicidad... ¿Dejamos que sean felices?
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