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Entrevista a Alberto Pizarro

Por Lidia Beatriz | Santa Cruz de Tenerife


Alberto Pizarro es un joven madrileño que se ha atrevido a publicar dos poemarios, «Telegramas» y «Palabras Tuertas». Nació en 1988, en una fecha capicua, y estudió Magisterio de Primaria en la Universidad de Alcalá. Cuando era niño, dice textualmente, «adoraba bajar del tobogán a gran velocidad y pasear con mi abuelo materno por las calles de Madrid». A los veintidós años fundó un blog bajo el nombre de «Escrito a Pluma» donde demostró grandes dotes imaginativas y talento para la escritura, dando inicio así a su evolución como escritor. Dos años más tarde, en el 2013, tuvo la gran idea de crear un grupo de haijines (autores de haikus) y conformar «El club del haiku», un blog que todavía coletea.

Algo se encendió en su interior y decidió dar el gran salto de la publicación on-line hacia el libro físico, siendo autor de las dos obras ya mencionadas. «Telegramas» es un conjunto de haikus, muestra de ingenio y dominio de la métrica. «Palabras Tuertas», por su parte, es un canto a la libertad del verso y del poeta. Además, participa en recitales en los que envuelve al público en la danza de su poesía. Toda la información sobre sus andanzas puedes encontrarla en sus cuentas de Facebook, «Otros Telegramas, de Alberto Pizarro» y «Vigía Anteojos», y @VigiaAnteojos en Twitter.

En esta ocasión responde a mis preguntas, con las que pretendo acercaros un poco al poeta y a la persona:

¿Cuándo supiste que querías ser escritor?
En realidad, no es algo que supiera a ciencia cierta, tampoco sé con certeza si actualmente lo soy. Supongo que ese «querer» nace de la necesidad que, por aquel momento, tenía de narrar un par de historias que andaban en la cabeza. Conseguí sacar esas dos historias e intenté avanzar, con alguna que otra piedra por el camino.

¿Por qué abriste tu blog Escrito a Pluma? ¿Qué es lo mejor que obtuviste de esa experiencia? ¿Y lo peor? ¿Qué te llevó a cerrarlo?
«Escrito a pluma» nació la madrugada del tres al cuatro de marzo del dos mil once. Fue un proyecto bonito que me llevó a dar a conocer algunos de mis textos y a sentarme a escribir (soy un escritor vago). Recuerdo que el primer relato que subí a la plataforma fue «El último sueño», una historia a caballo entre lo erótico y el amor que surge entre dos entes que no se disfrutan desde hace tiempo.

Lo mejor que obtuve de la experiencia fue la propia experiencia y el poder compartir algo que, de no ser por el blog, se hubiera quedado en algún cajón de mi, por aquel entonces, desordenada habitación. Lo peor fue el ego, encontrarte con una parte de ti que no te gusta nada, que detestas. Afortunadamente, he sabido canalizar ese sentimiento y encerrarlo en una habitación.

Cerré «Escrito a pluma» porque creí que su momento había finalizado. No obstante, hubo lágrimas.

¿Cómo surgió la idea de crear El Club del Haiku? ¿Llegó el haiku a ti o tú hasta él? ¿Es casualidad que su métrica impar coincida con la obsesión con los nones de un personaje tuyo de la etapa de Escrito a Pluma?
Mi vida siempre ha estado ligada a los números impares, quizás fue eso lo que me llamó la atención del haiku. El haiku llegó a mi de la mano de mi buen amigo y, por aquel entonces, profesor Francisco José Martínez Morán (prologuista de «Palabra tuertas»). Hasta entonces no me había sentado a escribir poemas y fue el haiku el que me acercó hasta este mundo. Me gusta lo sencillo, que no simple, y el haiku es uno de esos poemas.

El club del haiku fue una idea loca lanzada al aire, seis personas cogieron el testigo y lo llevaron hacia adelante. Por cierto, tengo pendiente volver a engancharme al tren.

¿Cuándo y por qué decides adoptar el nombre de Vigía Anteojos?
Vigía Anteojos fue un personaje descartado de un cuento infantil que escribí para combatir los miedos nocturnos. Puesto que fue abandonado a su suerte, decidí adoptarlo y convertirlo en mi acompañante. 

¿Cuál fue tu motor para publicar «Telegramas»? ¿Sentiste miedo?
Sentí mucho miedo, pero por la inexperiencia que tenía en ese sector. No me había enfrentado nunca al poder de un editor y eso genera inseguridades en las palabras que has escrito. Aun así, seguí adelante.

El motor de la publicación fue el hecho de que no tenía nada físico que llevarme a los recitales que hacía. Amigos y conocidos querían que publicara algo, así que me lancé.

Has hecho varios recitales, ¿te preparas de alguna manera? ¿Qué es lo que sientes antes de abrir tu libro y leer tus poemas a alma descubierta? ¿Y después? ¿En qué te basas para elegir los poemas a recitar?
Tras tomarme una caja entera de Sumial, intento relajarme. No lo consigo hasta que no suelto la primera palabra delante del micrófono. Me gusta ver caras de complicidad y alguna sonrisilla llena de picardía que sigue el juego de mis palabras.

Los poemas que escojo suelen ser textos divertidos, que hagan reflexionar, pero que a su vez saquen alguna sonrisa o carcajada.

¿Qué significa para ti tener un segundo libro en el mercado?
Estabilidad dentro de un universo muy complejo. Hoy todo el mundo escribe, casi hay más escritores que lectores y aunque eso dificulta la labor, me parece algo bonito, significante. Creo que estamos en un punto en el que las letras no son nombres propios, más bien colectivos.

Al leer «Telegramas», «Palabras Tuertas» y compararlos, siento que el primero eres tú vestido y desnudo en el segundo, ¿lo has sentido tú de esa manera?
Totalmente. «Telegramas» es una crítica, una visión del mundo a través de un haiku.

«Palabras tuertas», en cambio, es mi visión del mundo a través de la experiencia. Tres puntos: la primera parte del poemario habla con una visión más general sobre lo que nos acontece, la segunda parte nos cuenta experiencias que he tenido en diferentes puntos del Madrid en el que he pasado la mayor parte de mi vida, y por último, la tercera es una autocrítica, poemas a tres voces entre conciencia, corazón y ego, ¿quién gana?

¿Qué ha sido lo mejor que te ha pasado mientras creabas este poemario?
Mi hija Carmen se gestó durante la creación de «Palabras Tuertas».

¿Por qué se quedan tuertas las palabras?
Porque nos amordazan y amordazamos la libertad de otras personas.

Profundizando en el poemario y antes de lanzar la siguiente pregunta, me gustaría confesar que mi poema favorito es «Madrid 0». ¿Qué sientes al leer los versos que le dedicas a Madrid? ¿Con cuál te has emocionado más?
Leer los versos que le dedico a Madrid no es fácil. Los trescientos ochenta y ocho kilómetros que me separan de la casa de mis padres, de mis amigos, de mi familia puntillean el lagrimal cada vez que susurro uno de estos versos en público, no lo puedo remediar.

Aunque he de decir que el poema que más me emociona es Madrid 10. Son muchas emociones vividas en el número diez de Montes Claros, calle que el ayuntamiento de turno quiso eliminar de la ecuación para construir nuevos edificios. Políticos robando infancias, sueños y recuerdos de mucha gente mayor.

¿Cuándo ves una noticia injusta escribes inmediatamente el poema crítico o nacen tras la reflexión?
Reflexiono. Mi primera reacción suele ser un sinfin de palabrotas.

¿Qué significan las iniciales resaltadas en los poemas de autocrítica?
Cuando la conciencia empieza a hablar resalto la primera letra del verso, al igual que la cursiva del ego o la centralidad del corazón.

Todos tenemos demonios, ¿funciona el exorcismo de los versos?
A los «yo» hay que dejarles libertad cuando uno escribe, pero pasada esa hora hay que recogerlos y guardar cierto equilibrio, puedes acabar mal de no hacerlo. Por lo tanto creo que sacar al demonio que todos llevamos dentro viene bien escribiendo, pero luego…, mejor volver a encerrarlo en el cuerpo.

¿Tienes un nuevo proyecto en mente?
Tengo muchos proyectos en mente. Uno está camino de derechos de autor, otro está en proceso de revisión y otros tantos en la sala de creatividad. A finales de este año estaremos jugando con las matemáticas y la poesía, es lo único que puedo adelantar.
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