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La (des)figura del farmacéutico

Los profesionales sanitarios están, en su mayoría, subestimados. Gran parte de la sociedad ignora la labor y competencia de cada uno. La importancia del enfermero, el fisioterapeuta y el farmacéutico (entre otras muchas) no es percibida por la población en general. A los primeros les maltratan muchos familiares, creyendo que saben más que ellos o que tienen funciones de servidumbre. A los segundos se les compara con masajistas, cuando su labor es mucho más completa, velando por nuestra recuperación y salud. 

Con los farmacéuticos ocurre algo parecido. La opinión de muchos es que somos vendedores y que sólo queremos hacer caja. Sí, ganamos dinero con los productos que ofrecemos, pero todo está orientado a favorecer y mejorar el estado de salud de los pacientes. Acumulamos muchos conocimientos durante nuestros años de estudio, los cuáles aumentan con nuestra experiencia diaria. Cualquier cosa que ofrezcamos es para favorecer la recuperación. Sin embargo, creo que cuando el río suena es que lleva agua. ¿De dónde puede venir esta creencia popular?

La ley ha tenido que ser estricta con las oficinas de farmacia, ¿recuerdas cuando los antibióticos salían como churros? Todavía hoy existen algunas que ponen por delante los números al verdadero bienestar, pero cada vez menos. Me refiero en concreto a esos farmacéuticos que no preguntan a sus clientes para qué uso quieren el medicamento, que venden libremente medicinas que necesitan receta médica y otras prácticas que no comparto y tantos quebraderos de cabeza ocasionan a los que vamos con la ley por delante. 

En mi día a día me enfrento a pacientes que están acostumbrados a conseguir algunas medicinas libremente, cuando su composición requiere una receta, quedando como el enemigo. Otras ocasiones, escucho que lo van a consultar con Internet... Disculpe, estimado paciente, Internet no es más fiable que mi titulación, al contrario. También tengo que lidiar con otros a los que el médico les ha hecho una prescripción inadecuada (tanto en forma como en contenido) o simplemente creen que esa molécula no precisa prescripción y sí es requerida, porque se han acomodado a antiguas leyes y no se actualizan, confundiendo y creando una mala imagen del dispensador que, muchas veces, acepta cosas erróneas por no perjudicar al propio paciente.

Los farmacéuticos somos un gremio, un gremio desunido. Creo que hay muchos intereses personales y que la avaricia impide que todos nos unamos contra las malas praxis. Mi consejo es que si un farmacéutico se niega a dispensar un medicamento sin receta, a recoger una prescripción inadecuada o te recomienda varios productos para un pronto restablecimiento de la salud, te quedes con él. Ese tipo de profesional es el que necesitas, el que realmente vela por tu seguridad.

Si acudes a una oficina de farmacia, no debes ser desconfiado. Explica tu problema, responde a las preguntas y acepta los consejos. Los farmacéuticos somos tus aliados en salud, también los enfermeros y fisioterapeutas. Cada uno tenemos nuestra pequeña parcela y juntos hacemos un gran huerto de salud y bienestar.

Lidia Beatriz.
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