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El Romanticismo, ¿historias de miedo?

La festividad de Halloween, celebrada anualmente el 31 de octubre, se ha convertido con el paso de los años en un evento internacional. Entre las actividades que se realizan durante el día (o más bien la noche) se encuentran la famosa pedida de chuches (trick or treat?), el disfrazarse, el tallado de las calabazas, la realización de diversos juegos y bromas y, por supuesto, la narración de historias de miedo.
Estos relatos, terroríficos en mayor o menor medida, suelen estar protagonizados por seres como monstruos, fantasmas, vampiros, muertos vivientes y demás personajes relacionados, en parte, con el “Más Allá”.

Pero, ¿de dónde vienen todas estas historias? Por irónico que parezca, el movimiento cultural en el que se desarrollaron fue, principalmente, el Romanticismo. Y es que aunque este término nos suene a parejas de enamorados, corazoncitos y otras cursiladas, tenemos un conocimiento equivocado sobre esta etapa. Sí, es cierto que también se escribió sobre amor, pero la literatura fue mucho, pero mucho más lejos.

El Romanticismo se desarrolló durante la primera mitad del siglo XIX, principalmente en América y Europa, y entre sus características destacan el individualismo, los autores tenían tendencia a expresar lo subjetivo, el “yo” del artista, su personalidad y su forma de ser; la exaltación de la libertad y el espíritu rebelde; el irracionalismo, el predominio de los instintos, las pasiones, los sentimientos; y el exotismo y la evasión. Esta última característica es la que nos ayudará a comprender la filosofía de un romántico.




Los románticos veían frustrados sus ideales y no siempre hallaban la respuesta adecuada a sus sentimientos, por lo que tendían a evadirse situando sus obras en mundos exóticos y alejados de la realidad, como ambientes medievales o fantásticos, escenarios legendarios, atmósferas misteriosas o sobrenaturales…

Estos artistas pensaban que las personas estaban constituidas por su cuerpo y su alma, y que esta última parte nunca moría. Además, defendían el suicidio como un método para escapar de su cuerpo, que significaba para ellos una cárcel en la que se veían limitados, y así liberar su alma y continuar la vida de un modo más completo. Por eso creían en espíritus, fantasmas, y todos los seres sobrenaturales que conocemos hoy en día y que deben su existencia actual a este movimiento literario.


Espero que todo esto te haya servido para comprender un poco mejor el origen de los personajes de las historias de miedo como las conocemos hoy en día y ampliar tu visión sobre el Romanticismo.

Nos leemos pronto.


María Férez.
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