Header Ads

Menospreciada receta electrónica

Desde hace unos años, se ha implantado en España la receta electrónica. Para personas con un tratamiento crónico es muy cómoda, porque no tienen que estar acudiendo al médico de familia cada mes sólo por unas recetas. Pero también permite tener un control sobre la compra de medicamentos y evitar el despilfarro en medicinas de la Seguridad Social o su uso irresponsable. No era extraño escuchar a las vecinas decir "Yo te saco de las mías, que no pago nada, y te dejo una caja. Ya verás qué bien te va". Todo un acierto la idea de la receta electrónica que llega demasiado tarde y se emplea mal.

Durante mi estancia en Madrid, comprobé que la receta electrónica era inusual. Para mi sorpresa, se empleaba por defecto la receta de papel tradicional salvo que el paciente exija lo contrario. Error. Una forma útil de control de los tratamientos y el destino de los fármacos despreciada de esa manera... Por el contrario, en otras comunidades autónomas es la forma habitual, aunque se trate de un tratamiento puntual. Incluso para pacientes desplazados (de otras CCAA) y extranjeros. Y a estos últimos quería llegar yo.

Es común en las islas afortunadas que los jubilados naturales de países nórdicos pasen la mitad del año en ellas (los seis meses más fríos) y el resto en sus países. Tenían por costumbre ir cada semana a las farmacias con una gran colección de recetas para todas sus afecciones, ¡cada semana! Y, como ocurría antes de los recortes que sufrimos los españoles, no pagaban nada por ello. Después del copago, se mostraron molestos, sin embargo, siguieron con su rutina. Hasta que a ellos también se les impuso la receta electrónica, ¡por fin! Y sólo pueden adquirir los medicamentos a tomar durante la estancia en las islas, que los necesitan y no es poco. Porque llevarse medicinas cada semana sólo puede tener un objeto acumulativo o de abuso.

Nuestra Seguridad Social ha sido saqueada. Por nosotros, los españoles, primero, que acumulábamos medicamentos y los repartíamos como si fueran frutas de nuestro huerto. Y por todos esos extranjeros que se aprovechan de nuestras facilidades, segundo. La receta electrónica llega tarde y mal. Demasiado tarde para nuestras agonizantes arcas de las que han extraído tanto ilegalmente y no han sabido administrar legalmente. 

Muchos médicos se equivocan al establecer las dosis, entre otros errores. Y en algunas comunidades parecen reacios a su empleo, ¿por qué? La receta electrónica asegura que no exista despilfarro y permiten a los farmacéuticos ayudar al paciente, en caso de no seguir las pautas apropiadas. Es una maravilla malmirada que deberíamos apreciar y exigir su correcto uso y funcionamiento.
©