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Acné bajo control

Cuando hablamos de acné casi siempre nos referimos al conocido como acné vulgar. Normalmente aparece en la pubertad, coincidiendo con el cambio hormonal que padece nuestro cuerpo. Y puede extenderse hasta la edad adulta. El acné es una enfermedad que se puede considerar crónica, consiste en la inflamación de la piel y supone un problema físico y psicológico para quién la padece. Existen tres formas diferentes:

  • Acné leve: Se le conoce como acné comedogénico. Las principales lesiones son comedones, no son muy abundantes y principalmente hay seborrea.
  • Acné moderado: Además de comedones, aparecen bastantes pápulas y pústulas. Las lesiones también aparecen en zonas del tronco.
  • Acné grave: El número de lesiones es muy abundante, varias de ellas son nodulares infiltrantes y profundas. Puede ser muy grave cuando hay lesiones noduloquísticas, muy dolorosas y de gran tamaño.

Durante la pubertad aumenta la producción de andrógenos, de esta manera la producción de sebo en la piel también aumenta y las células muertas no se desprenden lo suficiente. Ambos elementos se acumulan en el folículo y forman un tapón que hace que sobresalga la pared de dicho folículo (cabeza blanca) o que puede abrirse al exterior (cabeza negra). Las pápulas o pústulas son zonas de piel rojas y elevadas con un centro blanco producto de la inflamación y/o infección del folículo que cuando son profundos forman nódulos. Este exceso de sebo crea un ambiente favorable para la proliferación de bacterias que viven en nuestra piel, fomentando la infección. Pero, ¿por qué afecta más a una persona que a otras? Los estudios realizados apuntan a una predisposición genética.

Existen muchos mitos sobre el desarrollo del acné. No tienes más lesiones por ser menos higiénico, al contrario. Seguramente has notado que en el verano ha empeorado el estado de tu piel, se debe a que el sol aumenta la producción de sebo e induce la aparición de marcas. Incluso puede que hayas pasado la pubertad pero tienes un brote de acné vulgar, sobre todo si eres mujer; se debe a un posible estrés emocional o psicológico, al ciclo menstrual, a un tratamiento médico con este efecto secundario o durante el embarazo.

Si tu objetivo es minimizar la aparición de lesiones, debes tener en cuenta los siguientes consejos:

  • Evitar el abuso de hidratos de carbono (azúcar y harina) y la ingestión excesiva de leche.
  • No fumar.
  • No emplear cosméticos comedogénicos (maquillajes, productos de cuidado para la piel...). Lee la etiqueta de los productos que empleas sobre tu piel y fíjate que la forma farmacéutica sean geles (no grasos).
  • No laves en exceso la cara y, cuando lo hagas, emplea agua tibia. Olvida los extremos. Lo ideal es tener un patrón de cuidado de mañana y noche de limpieza y tonificación.
  • Emplear protección solar, asegurándote que sea un gel no graso y apropiado para pieles acneicas.
  • Deja que la lesión evolucione sin tocarlos ni apretarlos.
  • Libera tu piel del maquillaje (que debe ser no comedogénico) cada día.

El acné moderado y grave requiere de control médico por parte del dermatólogo. En cambio, el acné leve puede ser corregido sin medicación oral. Siempre se aconseja una visita para el diagnóstico y consejos para afrontar el acné. Entre las alternativas encontramos:

  • Retinoides tópicos. 
  • Peróxido de benzoilo.
  • Antimicrobianos tópicos.
  • Ácido azeláico.
  • Antibióticos orales.
  • Isotetrinoína oral.

Sus efectos secundarios son, principalmente, piel seca y fotosensibilidad. Por lo que es doblemente importante emplear protector solar, de un factor 50 e indicado para este tipo de problemas dermatológicos. El especialista te prescribirá la terapia más acorde para tu caso. Tratamiento y cuidados, un poco de paciencia y enfrentarnos a esta sociedad víctima del photoshop es lo único que necesitamos para acabar con este molesto problema de la piel por el que todos (en mayor o menor medida) pasamos en nuestra vida.
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