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Píldora postcoital y objeción de conciencia

El seis de julio del presente año los diarios en papel y televisivos se hacían eco de una sentencia publicada por el Tribunal Constitucional (TC). El órgano judicial le reconocía a un farmacéutico de Sevilla su derecho a no dispensar la conocida como "pastilla del día después". El farmacéutico había sido denunciado por su negativa ante la venta de dicho medicamento y preservativos. En un primer momento, fue condenado a pagar una multa. Sin embargo, siguió recurriendo hasta llegar hasta el último eslabón de la cadena. Todos los órganos judiciales precedentes se reiteraron en la condena, como trabajador de una oficina de farmacia, consideraron que era su deber dispensar tanto profilácticos como la píldora postcoital. Finalmente el TC considera que, aunque no supone ningún conflicto de conciencia la venta de condones, para la pastilla del día después sí. Las cámaras de los telediarios acudieron a entrevistar a este farmacéutico y, sin un atisbo de precaución, afirmó con rotundidad que levonorgestrel (principio activo de la píldora) era abortivo y eso iba en contra de sus principios. ¿Es esto cierto? Y de serlo, ¿debe un profesional imponer su moral en su trabajo? Según la sentencia, sí. Yo creo que el resultado hubiera sido distinto si se hubieran informado mejor sobre este medicamento.

El levonorgestrel forma parte de varias formas anticoceptivas: dispositivos intrauterinos, implantes subcutáneos. También de anticonceptivos orales comunes. Cuando se emplea como anticonceptivo de emergencia, la dosis contenida en el comprimido es más elevada, ahí radica la diferencia con el resto de formas de anticoncepción. Su mecanismo de acción no es abortivo, evita la ovulación y la fertilización o fecundación. En el supuesto caso que un óvulo haya sido fecundado tras una relación sexual de riesgo, que se haya formado el denominado cigoto y éste anide en las paredes del útero, la píldora ya no será efectiva. Por esto es importante tomarla pasado el menor tiempo desde la relación. En las primeras 12 horas su eficacia es máxima; sólo se puede esperar, como mucho, 72 horas. No es compatible con una interrupción de un embarazo o aborto. Su función es evitar el embarazo, en ningún caso detenerlo.

Aunque exista la píldora postcoital, siempre debe emplearse preservativo. Y recurrir a ella cuando éste se haya roto, quedado dentro de la vagina y otros problemas. Jamás debe pensarse en ella como la solución, puesto que tiene unos efectos secundarios muy desagradables. Además, es una bomba hormonal nada recomendable para el organismo. Tampoco protege contra las enfermedades de transmisión sexual. Y, aunque la ley permite su dispensación sin preinscripción médica, su uso no está recomendando a menores de 16 años. No son caramelos. No es recomendable tomar más de dos al año (si  no necesitas ninguna, mejor).

Entre sus efectos secundarios encontramos: sangrado no relacionado con menstruación, retraso en la menstruación de más de siete días, hemorragia irregular y manchado; mareos, cefalea, dolor epigástrico, náuseas, diarrea, vómitos, fatiga, aumento de la sensibilidad mamaria y cansancio.

Si has mantenido una relación de riesgo, también deberías realizarte una revisión y asegurarte de no haber sido contagiada (o contagiado) por ningún agente infeccioso. No olvides el preservativo, aquí te hablo de una opción segura y económica. Tú salud es lo más importante, eso implica no abusar de la píldora postcoital que, como su nombre indica (anticonceptivo de emergencia), debe emplearse sólo en casos excepcionales y urgentes.
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